UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE CHIHUAHUA

 

FACULTAD DE ZOOTECNIA

 

 

 

 

 

 

 

ALIMENTACIÓN DE CERDOS EN ENGORDA

 

 

Federico Salvador y Luis Humberto Díaz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

La nutrición porcina es una ciencia en evolución permanente. Lo demuestran la enorme cantidad de trabajos científicos que se publican cada año y el gran número de equipos de investigadores que en diferentes universidades, empresas y otros centros repartidos por todo el mundo están desarrollando líneas de investigación relacionadas con la nutrición y alimentación del cerdo. Como consecuencia de sus trabajos, en estos últimos años se están produciendo avances importantes en los sistemas de evaluación nutricional de materias primas, en la estimación y el conocimiento de los requerimientos de los animales, en la tecnología de fabricación de piensos, o en el tipo de materias primas y aditivos que se utilizan en las dietas, por poner sólo algunos ejemplos (Borja y Mendel, 1998).

Los cerdos, por su carácter omnívoro de su alimentación y por sus necesidades nutritivas tan diversas puede ser alimentados con variados productos y subproductos animales y vegetales tales como salvados de cereales y leguminosas, harinas, bagazos, pulpas, orujo, frutos, tubérculos, raíces; leches y sus derivados lácticos; forrajes de todas clases, desde los verdes y acuosos hasta los ensilados y desecados; harinas de carne, de huesos, de pescados, de sangre y de otras materias, etc. (Escamilla, 1986).

Una de las dificultades más importantes con las que tiene que enfrentarse el nutricionista en la elaboración de dietas para ganado porcino es la determinación precisa de los requerimientos de los animales y el ajuste de las características de la dieta para satisfacer esas necesidades. Entre las razones que explican esta afirmación podemos citar la variabialidad genética que existe entre diferentes líneas o estirpes, la dificultad para conseguir por parte de las empresas de genética ciertos datos relacionados con las características productivas de los cerdos (como la capacidad de ingestión y el límite máximo de deposición proteica en función del peso, por poner solamente dos ejemplos), y todo esto unido a la necesidad de cumplir con unos determinados objetivos en el producto terminado (peso de canal, porcentaje de grasa y de músculo, nivel de grasa infiltrada, entre otros) para atender diferentes tipos de demanda en un mercado que cada vez ha de ser más exigente (Borja y Mendel, 1998).

Existen dos diferentes propuestas para establecer los nutrientes óptimos en dietas de crecimiento y finalización. La propuesta tradicional ha sido que el consumo de nutrientes dictará la tasa de crecimiento y las características de la canal. La mayor dificultad de esta propuesta en sistemas de producción comercial es la exactitud en la predicción de consumo voluntario. Existen también muchos factores afectando el consumo voluntario, con variación en el grado de influencia, para aplicar en la práctica los resultados sobre una amplia base comercial. Una segunda propuesta es que una combinación de la tasa de crecimiento, eficiencia y aumento de tejido dictará el consumo voluntario de nutrientes. Un ejemplo para esta propuesta sería determinar la cantidad de proteína diaria necesaria para un grupo de cerdos, luego calcular los requerimientos de aminoácidos y energía necesaria para depositar esa cantidad de proteína (Dritz et al., 1997a).

 

 

 

 

REVISIÓN DE LITERATURA

Factores a considerar en la alimentación de cerdos en engorda

Diversos factores afectan los requerimientos de los cerdos para un nutriente específico. Los requerimientos están influenciados por una combinación del potencial de crecimiento y el consumo voluntario, los cuales requerirán cambiar la concentración del nutriente en la dieta y conocer los requerimientos de los cerdos en base a una cantidad por día. Algunos de estos factores son (Dritz et al., 1997):

·        Medio ambiente (temperatura, humedad, instalaciones y competencia por el alimento).

·        Raza, sexo y origen genético de los cerdos.

·        Estatus de salud de la piara.

·        Presencia de hongos, toxinas o inhibidores en la dieta.

·        Disponibilidad y absorción de los nutrientes en la dieta.

·        Variabilidad del contenido de nutrientes y disponibilidad en el alimento.

·        Nivel de aditivos alimenticios o promotores de crecimiento.

·        Concentración energética de la dieta.

·        Nivel de alimentación como son la alimentación limitada contra la alimentación a libre acceso.

Compuestos antinutricionales. Diversos ingredientes utilizados en la elaboración de las dietas de los cerdos contienen compuestos que inhiben la actividad de algunas enzimas digestivas o impiden el acceso de estas a los sustratos, afectando la digestibilidad de los nutrientes. Entre estos, se encuentran la soya integral, pasta de nabo, harinolina, y los granos y cereales. La pasta de soya contiene compuestos químicos denominados inhibidores de tripsina (IT); la pasta de nabo a los glucosinolatos, la harinolina al gosipol, los granos (maíz, trigo, cebado y sorgo) contiene sales del ácido fítico (fitatos) combinados con algunos minerales (fósforo, fierro, zinc, etc.) y carbohidratos no almidonosos (xilanos y glucanos). Los inhibidores de tripsina inactivan a tripsina y quimotripsina al formar complejos con estas enzimas (Blow et al., 1974); mientras que los glucosinolatos y el gosipol tienen efectos tóxicos en el animal. Por su parte, los fitatos, xilanos y glucanos, aunque no inhiben la acción de ninguna enzima ni son tóxicos, si impiden la digestión de proteína, minerales, y energía, principalmente (Cromwell et al,. 1995; Yi et al., 1996).

El trigo contiene pentosanos que tienen efectos antinutricionales que reducen el desempeño de los animales y causan heces blandas. El mecanismo es el aumento de viscosidad en el íleo y la reducción en la absorción de nutrientes (Balconi, 1997).

Consideraciones para el empleo de alimentos energéticos

La selección genética del ganado porcino durante los últimos años, dirigida hacia la consecución de animales con una elevada capacidad de crecimiento del tejido muscular, un estado de engrasamiento reducido y una elevada eficacia de transformación del alimento en carne, ha conducido a que los genotipos modernos, al mismo tiempo que tienen un elevado potencial de crecimiento magro, tengan un apetito reducido (Cole y Chadd, 1989, Close, 1994). Para utilizar eficientemente la energía como nutriente en las dietas para este tipo de animales, uno de los aspectos clave a tener en cuenta es la relación que existe entre el consumo de energía y la deposición proteica determinada por el genotipo del animal, y que consiste en que a medida que el cerdo aumenta su consumo de una dieta equilibrada (en la que el contenido en proteína y aminoácidos no es limitante para el crecimiento), la deposición de proteína aumenta linealmente con cada incremento en la ingesta de energía (o de pienso) hasta que se alcanza un límite o “plateau” que representa la capacidad máxima de deposición proteica. Con ingestas de pienso superiores a la que permite el máximo crecimiento de tejido magro, toda la energía extra que retiene el animal se acumula en forma de grasa, dando como resultado un crecimiento muy rápido del depósito graso del animal y un grave empeoramiento del índice de conversión, debido a que la eficiencia con que se utiliza la energía para crecer en tejido adiposo, es menor que cuando ese crecimiento se realiza en base a músculo (Dunkin et al., 1986, Van Lunen y Cole, 1996).

Factores a considerar en el empleo de alimentos proteicos

Una función importante en la producción animal es proveer proteína de alta calidad para la alimentación humana. Para lograr esto, los animales requieren dietas que contengan proteínas de alta calidad y en la cantidad correcta. A través del tiempo se han desarrollado diversas formas de evaluar la calidad de la proteína y actualmente se maneja el término de valor biológico, el cual está relacionado por la cantidad de aminoácidos limitantes aportados y su digestibilidad. Por lo tanto éstos son la clave cuando se consideran las fuentes de proteína en la nutrición (Sahagún, 1997).

El valor biológico de las proteínas depende de la calidad de los aminoácidos  que entran en su composición, siendo superiores las proteínas de origen animal como harinas de carne, de sangre, de leche y de pescado: menos valor tienen las de origen vegetal tales como leguminosas, cereales y otras. Son indispensables para la alimentación de los cerdos cuando menos diez de los veintitrés aminoácidos conocidos, ellos son: metionina, lisina, histidina, triptofano, arginina, treonina, valina, fenilalanina, leucina e isoleucina (Escamilla, 1986).

Los requerimientos de aminoácidos dependerán de las necesidades de mantenimiento y producción. Las necesidades de mantenimiento sólo representan del 1 al 3% del total; la principal diferencia en los requerimientos de cerdos a distintas tasas de crecimiento, sexo, raza y peso vivo, radica en la cantidad de proteína requerida de acuerdo a los potenciales que estos animales tengan para depositar tejido magro. La cantidad relativa de los aminoácidos esenciales necesarios para depositar un gramo de tejido magro debe ser la misma en cada caso. Por ello es factible determinar el balance óptimo de aminoácidos esenciales para el crecimiento, los cuales, cuando se suplen con suficiente nitrógeno para la síntesis de los aminoácidos no esenciales, constituirán la “proteína ideal” (Sahagún, 1997).

Utilización y consumo de agua

La cantidad necesaria de agua para un animal varía según el régimen alimenticio que se le proporciona, la humedad y temperatura exterior, más o menos necesitaría tres kilogramos de agua por cada kilogramo de alimento seco y por cada 100 kilogramos de peso. El agua contenida en el cuerpo de un animal depende de la especie zootécnica, la edad, etc., la grasa sustituye en buena parte al agua en los diversos tejidos del cuerpo, por lo que un cerdo gordo puede contener el 38%, y un cerdo y de un cerdo magro el 55% de agua (Escamilla, 1986).

Vitaminas y minerales en la alimentación de cerdos en engorda

Cuando consideramos o calculamos los requerimientos de nutrientes de los animales de granja, normalmente se toman en cuenta las necesidades de energía, proteína, aminoácidos y los minerales macro, como calcio, fósforo y algunas vitaminas. Una fuente muy importante de nutrientes – los minerales traza – a menudo son ignorados. Su importancia es subestimada y se da por garantizada su presencia en los alimentos en las cantidades adecuadas. Sin embargo, son necesarios para mantener las funciones corporales, optimizar el crecimiento y la reproducción y estimular la respuesta inmunológica y por lo tanto determinar el estado de salud del animal. Una deficiencia de esos elementos minerales traza puede causar una considerable reducción en el rendimiento (Close, 2001).

En experimentos hechos se sabe que las cantidades de calcio que necesitan los cerdos son de cinco gramos diarios por cabeza, cuando se encuentran en crecimiento. Para cerdos jóvenes la cantidad necesaria es de 0.3% y 4% para las cerdas de cría. Se aconseja de una manera especial que si se alimenta a los cerdos con granos y suplementos proteínicos de origen vegetal deben de consumir también la cantidad necesaria de sal; en cambio debe suprimirse ésta si las dietas alimenticias de los animales están formadas por harinas de sangre, residuos grasos, harina de pescado o si el único suplemento es el maíz u otros granos, en este caso la sal común puede ser perjudicial. Se puede corregir fácilmente la carencia de minerales en el cerdo formando sus raciones alimenticias bien equilibradas que se compongan de forrajes, granos y henos; proteínas de origen animal e incorporando a los piensos concentrados una mezcla mineral, siendo la más utilizada para ello, la harina de hueso; en algunas ocasiones debe añadirse a las raciones alimenticias una más completa mezcla mineral, teniendo en cuenta la importancia y naturaleza de los minerales que falten a la ración alimenticia y corrigiéndola en calidad y cantidad (Escamilla, 1986).

Los requerimientos minerales son dependientes del nivel de producción y de los valores recientemente propuestos por el NRC (1998) para cerdos. Sin embargo, se ha sugerido que los requerimientos del animal moderno con su elevado potencial de rendimiento puede ser superior de las recomendaciones actuales (Close, 2001).

Las necesidades de vitaminas son en realidad poco importantes si se comparan, en cuanto a cantidad se refiere, con las de los principios nutritivos hasta ahora estudiados. Ello no implica restar interés a su aportación, ya que el catalizador no debe desaparecer en el curso del proceso químico sobre el que actúa; hay por tanto unas necesidades concretas que podríamos incluir entre las de sostenimiento (Besse, 1971).

La vitamina A es una sustancia incolora que se presenta en los animales solamente asociada con ciertas grasas. En los vegetales está en forma de una sustancia amarilla más abundante en las partes verdes o amarillas, llamada caroteno, que se transforma en vitamina A en el organismo animal, acumulándose principalmente en los depósitos grasosos y en el hígado. La acción benéfica de la vitamina A en el organismo animal es movilizar el calcio y mantenerlo en circulación, así como actuar sinérgicamente sobre algunas glándulas, principalmente sobre la tiroides, por lo que si no se dosifica equitativamente con la cantidad necesaria de vitamina D, provoca osteofibrosis y descalcificación de los huesos. Se ha descubierto por concienzudos estudios que el maíz blanco contine poca vitamina A, por lo que los cerdos alimentados con ese maíz necesitan más vitamina A que los alimentados con maíz amarillo (Escamilla, 1986).

La vitamina D es responsable de una correcta osificación, cuya carencia puede provocar procesos raquíticos en los animales jóvenes y osteomalacia en adultos. Su mecanismo de acción es bastante complejo, ya que interviene en diferentes fases del metabolismo fosfocálcico, ello sin olvidar que su presencia limita los efectos resultantes de un posible desequilibrio del cociente Ca/P en la ración (Besse, 1971).

La vitamina D (conocida también como “vitamina antirraquítica”) es muy necesaria durante el crecimiento y desarrollo del cerdo y en el régimen alimenticio de estos animales es el segundo, después de la vitamina A. La acción biológica sobre el metabolismo del fósforo y el calcio y para la calcificación de los huesos es muy conocida y evita las anomalías en la estructura del esqueleto. Se ha comprobado que el raquitismo aparece en los animales cuando se les priva de la luz del sol, pues los rayos ultravioletas con su irradiación contrarrestan la aparición de esta afección. Haciendo estudios especiales sobre los efectos de los compuestos de fósforo, magnesio y calcio se llegó a saber que: existiendo las cantidades necesarias de fósforo y calcio, se conservan los cerdos en salud; si en relación del fósforo la cantidad de calcio baja, es fácil que aparezca el raquitismo, pero si las raciones alimenticias cuentan con la necesaria vitamina D no se presentará el raquitismo; por eso debe ser perfecto el equilibrio de calcio y fósforo debiendo ser de 1 a 2 por 1 de fósforo para asegurar el crecimiento del animal y el desarrollo de los huesos sin que sea indispensable la presencia de la vitamina D (Escamilla, 1986).

Cuando se producen estados carenciales por falta de alguna de las vitaminas pertenecientes al grupo del complejo B, se evidencian una serie de síntomas con cierta constancia, pero dudosamente específicos. Nos referimos a la disminución o detención del ritmo de crecimiento, disminución del apetito, diarreas, anemias, parálisis, trastornos de la reproducción etc. Los efectos de las diferentes avitaminosis correspondientes a este complejo grupo no pudieron ser bien distinguidos más que a partir del día en que las principales vitaminas integrantes del mismo fueron conocidas e incorporadas, para comprobar sus efectos, a regímenes sintéticos experimentales. La harina de alfalfa deshidratada y especialmente la levadura de cerveza son fuentes importantes ricas en vitaminas del complejo B, si bien el empleo de vitaminas sintéticas es desde luego más económico y recomendable (Besse, 1971).

Uso de aditivos en la alimentación de cerdos en engorda

Los dos eventos fundamentales que determinan la producción animal son la transcripción y la traducción de los genes, denominados en conjunto como expresión genética. En términos prácticos esta expresión se refleja o resulta en la síntesis de las diferentes proteínas. Actualmente es posible diseñar drogas que controlan la transcripción y traducción; sin embargo, el desarrollo de drogas para controlar la expresión de los genes aún está en su infancia. De más utilidad práctica es el conocimiento ya desarrollado sobre el control por nutrientes de la expresión de los genes, a través de manipulación en el alimento (Balconi, 1997).

            Los constantes esfuerzos para producir alimentos de origen animal para el hombre, cada vez en forma más eficiente y al costo más bajo posible, han estimulado la búsqueda de las mejores combinaciones entre los nutrientes ya conocidos y el desarrollo de nuevos aditivos que puedan incrementar la eficiencia, grado de crecimiento y el nivel de producción de los animales. Estos esfuerzos han conducido actualmente al uso de antibióticos, hormonas y otras sustancias químicas para la producción animal. Por tanto, aunque estos productos no son nutrientes y no pueden ser considerados alimentos esenciales, es importante conocer sus efectos sobre los animales y sobre su producción de carne (Maynard et al., 1981).

            El uso de aditivos alimenticios ha ampliado el concepto del nutricionista sobre lo que es un alimento balanceado en relación con el término estricto de que todo ingrediente alimenticio aporta una serie de nutrimentos indispensables para maximizar la función fisiológica primordial para lo que fue diseñado el alimento. Su presencia en el alimento, por lo tanto, obedece estrictamente a razones económicas de retorno sobre la inversión, partiendo de la premisa de que la adición de los aditivos mejora los índices de eficiencia originales y es redituable su uso, puesto que nos proporciona utilidad expresada en varias veces su costo original en el alimento. Aunque no contamos con estimaciones publicadas de los beneficios económicos de los aditivos en los alimentos balaceados en países de América Latina, es claro que su uso está generalizado y su empleo obedece también a razones económicas (Ávila et al., 1990).

En general, los aditivos producidos disponibles para cerdos caen dentro de cinco clasificaciones: 1) drogas animales las cuales incluyen: antibióticos, quimioterapéuticos y antihelmínticos, 2) minerales promotores de crecimiento, 3) enzimas, 4) ácidos orgánicos y, 5) probióticos (Dritz et al., 1997b).

            Los profesionistas de la salud humana están preocupados por el uso de dosis subterapéuticas de antibióticos para promover el crecimiento animal, ya que pueden originar una disminución de la eficiencia de antibióticos, similares a los requeridos en medicina humana. Los consumidores y legisladores oficiales han escuchado a la comunidad médica sobre el uso de antibióticos en dosis subterapéuticas y éstos están siendo prohibidos en Europa y muchas otras regiones del mundo (Klasing, 2001).

            Los animales que responden bien a la adición de antibióticos, por lo general consumen más alimento que sus testigos, pero utilizan menos alimento por unidades de peso ganado. Debido a que los animales son más sanos, las tasas de crecimiento son más uniformes. También se destaca una disminución en la incidencia de diarreas. Aunque los antibióticos reducen mucho la frecuencia y severidad de diversos trastornos, no se los debe catalogar como preventivos de estas infecciones, ni utilizarlos como sustitutos de buenas medidas sanitarias o de las prácticas apropiadas de nutrición y manejo. El mayor consumo de alimento por los animales que reciben antibióticos, es casi siempre la causa de mayor grado del crecimiento alcanzado y la mayor ganancia de peso por unidad de alimento consumido, ya que un mayor porcentaje del alimento total queda disponible para el crecimiento. No hay razones para aseverar que se incrementa la eficiencia alimenticia ya que los animales que reciben complementos con antibióticos, pero se les restringe la ingesta de alimento al mismo nivel que los testigos, no muestran ganancias de peso más aceleradas. Ciertos estudios mencionan el adelgazamiento de la pared intestinal de los animales que recibieron antibióticos con su alimentación, lo que hace pensar que la absorción de los nutrientes es más eficiente. Sin embargo, estudios de balance de nutrientes efectuados en animales no han demostrado que los antibióticos mejoren la digestión, absorción y retención de los nutrientes, aunque sí es posible que lo hagan respecto a algunas vitamina y minerales (Maynard et al., 1981).

Los científicos que favorecen su uso han propuesto un cambio de terminología para descartar el nombre de aditivo, el cual tiene connotaciones de artificial y de impureza, por el de pronutriente, que de acuerdo al Dr. Gordon Rosen se definiría como “microingrediente para uso oral en pequeñas cantidades para mejorar el valor nutricional intrínseco de una dieta”. Esto pondría a los aditivos en un segundo grupo, después de los macroingredientes. Esta nueva definición, pronutrientes, también tendría la ventaja de una clasificación más lógica: pronutrientes microbianos (actualmente probióticos) y pronutrientes antimicrobianos (promotores antibióticos). El doctor Rosen también propuso que productos como saborizantes/odorizantes, antioxidantes y compactadores de pelets se reclasifiquen como acondicionadores y los productos como los anticoccidianos y otros usados con propósitos profilácticos se reclasifiquen como profilácticos. Esta reclasificación crearía cuatro grupos: pronutrientes microbianos, pronutrientes antimicrobianos, acondicionadores y profilácticos. Esta redefinición y reclasificación tiene implicaciones de forma, pero no de fondo, ya que las ventajas y desventajas intrínsecas de todos los productos serían las mismas. El impacto de los nuevos nombres sobre el público consumidor es cuestionable (Balconi, 1997).

 

            Actualmente existen tres enfoques dietéticos exitosos para reemplazar los antibióticos subterapéuticos (Klasing, 2001):

1)                           Eliminar el aporte de patógenos potenciales mejorando la salubridad del alimento. El uso de los subproductos animales adecuadamente procesados es crítico y el peletizado de las dietas también, cuando sea económicamente factible.

2)                           Prevenir la adhesión y el posible traslado de patógenos potenciales en el intestino mediante el uso de los prebióticos y probióticos. Los últimos actúan mediante el acondicionamiento dentro del lumen intestinal que estimula el crecimiento de la microflora benéfica o afectan el crecimiento de los patógenos. Algunos probióticos  también previenen la fijación de las bacterias patógenas a los entericitos, por lo que disminuyen el número de patógenos e inhiben su traslado a través del epitelio. 

3)                           Optimizar el sistema inmunológico para que efectivamente preve3ntga las infecciones sin recurrir a una costosa respuesta aguda. Esto puede ser logrado con el uso de varios suplementos inmunomoduladores junto con una nutrición óptima. El entendimiento de las vías en que los factores dietéticos pueden modular la respuesta inmune permite a los nutricionistas ser parte del equipo de salud animal, asegurando que sus fórmulas permitan respuestas vacunales óptimas y faciliten las adecuadas respuestas inmunológicas en los casos de desafíos por patógenos.

            El sulfato de cobre es ampliamente utilizado a razón de 200 a 250 ppm de cobre como aditivo para las raciones de los cerdos en Europa, en donde muchos estudios han demostrado buenas respuestas en el crecimiento y una mejoría en la utilización del alimento semejante a la que se obtiene con los antibióticos. Los niveles elevados de cobre son tóxicos. El exceso se acumula en el hígado, pero no se ha encontrado en el tejido muscular. No es de esperar que aparezcan problemas de toxicidad con niveles de 250 ppm, siempre y cuando la sal de cobre que se use se encuentre bien mezclada y haya un balance adecuado con las sales de zinc y de hierro en la ración (Maynard et al., 1981).

            Bajo las condiciones normales de producción, la habilidad digestiva de los cerdos no supera el 80%, en algunos casos como el fósforo, la digestibilidad en el maíz es tan sólo de 10 a15% (Cromwell, 1990). Esto significa que del 20 al 90% de los nutrientes consumidos en el alimento es eliminado en las heces, provocando deterioro tanto en la eficiencia productiva como en la ecología del ambiente. La deficiencia digestiva puede deberse a que los animales producen cantidades deficientes de las enzimas o que simplemente no las produce. El auxilio con enzimas exógenas puede ser útil en la reducción de esta deficiencia. El uso de enzimas exógenas en la dieta de los cerdos, la mayoría de las ocasiones, resulta en una mejoría del comportamiento productivo de los cerdos; sin embargo, la magnitud de la respuesta depende del tipo de enzima, las características de la dieta, la variable de respuesta evaluada y la edad-etapa productiva de los animales (Cervantes, 2000).

La adición de una enzima (xilanasa) en el alimento contrarresta los dos efectos antinutricinales del trigo mencionados anteriormente, por lo que este tipo de enzimas ya se usan comercialmente; se supone que su efecto es por medio de un incremento en la digestibilidad de la energía en los ingredientes (Balconi, 1997).

            Los saborizantes son añadidos a los alimentos para mejorar su palatabilidad y/o enmascarar aromas y sabores desagradables en los mismos. Estos incitan y aumentan el consumo de alimento, flexibilizan la formulación, enmascaran la medicación, pueden mejorar la digestibilidad y además otorgar ventajas de mercadeo (Laparra, 1999). Un saborizante debe ser un producto balanceado en aroma, sabor y poder enmascarador y sobre  todo debe buscarse la estabilidad al calor (Laparra, 2000).

Los ácidos orgánicos están ampliamente distribuidos en la naturaleza como

constituyentes habituales de plantas y tejidos animales. En los cerdos se forman como resultado de la fermentación de los carbohidratos en el intestino grueso. Algunos de ellos se utilizan en forma de sales de sodio, potasio o calcio. En relación con los ácidos libres, las sales tienen la ventaja de ser generalmente inodoras y más fáciles de manejar en el proceso de fabricación del pienso, como consecuencia de su forma sólida y menos volátil. También son menos corrosivas. Las sales tienen además un menor efecto negativo sobre el consumo que algunos ácidos cuando se emplean dosis elevadas. Más que como acidificantes de la dieta, los ácidos orgánicos son conocidos como agentes conservantes (Roth, 2000).

Desde mayo de 1985, cuando se prohibió el uso de promotores de eficiencia de tipo antibiótico en Suecia, se han cuantificado los efectos de la ausencia de estos aditivos sobre la productividad animal. Dos veterinarios suecos realizaron una encuesta que reveló que el impacto negativo de mayor grado fue en cerdos en los cuales no se observó cambio significativo en mortalidad predestete ni en número de lechones criados por cerda por año; sin embargo, la mortalidad posdestete aumentó 1.6%, los animales sobrevivientes necesitaron 5.2 días más para alcanzar el peso de 25 Kg. y tuvieron menor eficiencia alimenticia. Durante los primeros dos o tres años, después de aplicar la legislación, las diarreas que requirieron tratamiento se duplicaron o triplicaron. La proporción de animales destetados con diarreas aumentó de 2%, en 1985, a 18% en 1987. Esta situación ha mejorado hasta llegar a alrededor de 3%, debido a mejoras higiénicas y de manejo, así como al uso de óxido de zinc permitido en el alimento por dos semanas posdestete (Balconi, 1997).

Las acciones de prevención de enfermedades tales como mejores estándares de higiene y mejores alimentos balanceados y sistemas de manejo, junto con un mayor conocimiento fueron las bases de la estrategia. El uso de antibióticos tenía que estar basado en necesidades reales de los animales. Esto trajo a consideración la justificación para el uso general de antibióticos o para la promoción de crecimiento. Sin embargo, en 1981 una propuesta de la Federation of Swedish Farmers para dejar de usar los antibióticos en los alimentos no fue considerada justificada por las autoridades gubernamentales en ese momento (Inborr, 2000).

Tan pronto entró en vigor la prohibición en Suecia, se inició la búsqueda y prueba de nuevos conceptos de alimentación y manejo; en el primer aspecto se hicieron estudios sobre aditivos no-antibióticos como ácido láctico, levaduras, otros ácidos orgánicos, oligosacáridos, enzimas, fibras, azúcares, nuevas especificaciones nutricionales y nuevos programas de alimentación. Con respecto a manejo se hicieron cambios en el manejo de edades y en otras áreas que también ayudaron a compensar la ausencia de los promotores (Balconi, 1997).

La prohibición del uso de antibióticos promotores de crecimiento en el alimento balanceado instituida en 1986 es aún uno de los mayores desafíos. La prohibición ha sido especialmente llena de acontecimientos – o acaso dolorosa – para los productores suecos de porcinos. Otros países de la Unión Europea, lidereados por Dinamarca, han empezado a seguir el ejemplo de suecia. Con optimismo, los productores de animales y fabricantes de alimentos balanceados en la UE y de otros lugares, se pueden beneficiar del conocimiento técnico y experiencia de sus colegas en Suecia, especialmente del duro éxito ganado por los criadores de porcinos suecos (Inborr, 2000).

CONCLUSIONES

No cabe duda que la alimentación animal es muy amplia y compleja y, específicamente la alimentación de cerdos en engorda es uno de los retos más difíciles a los que un nutricionista se pueda enfrentar. Esto por todo lo anterior ya antes expuesto y también porque representa un reto de cara al comercio mundial ya sea por los avances en el uso de nuevos y diversos aditivos e ingredientes, la existencia de nuevas formas de explotación y tecnologías así como por las exigencias de un mercado cada vez más informado e interesado en consumir productos de origen animal de calidad a un precio accesible que sean obtenidos de la forma más natural posible y sobre todo, que no representen un riesgo para su salud.

Así pues, la tarea del nutricionista animal, no es fácil; sin embargo, haciendo uso de los conocimientos adquiridos por medio de un sinnúmero de investigaciones en todo el mundo y por la misma práctica y experiencia así como por la tecnología disponible que cada vez está más actualizada, se puede llegar a importantes logros dentro de este tópico. De esta forma se puede llegar a sobresalir en un campo cada vez más competido y desleal para los productores porcícolas del país y por consiguiente para los profesionales en el área.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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